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Una de las expresiones más notables
de la migración internacional y de la
operación de complejas redes es el flujo de
remesas. Estos recursos han venido creciendo
en paralelo con la migración, beneficiando
a un número cada vez mayor de familias
y personas. Sus magnitudes absolutas y
relativas están alcanzando dimensiones
cada vez más significativas que revelan su
importancia como fuente de divisas y como
sostén esencial para los integrantes de
millones de hogares en los países
de origen de la migración.
En este boletín describimos la
evolución seguida por el flujo de remesas
que los migrantes hacen llegar a sus familias
en México, destacando en particular la
importancia de estos recursos a nivel
nacional, estatal y municipal y en el ámbito
de los hogares, al tiempo que analizamos
su potencial para contribuir a impulsar
el desarrollo económico y social de las
zonas de origen de la migración.
La población mexicana
en Estados Unidos
l fenómeno migratorio entre México
y Estados Unidos es estructural en la
relación bilateral. Diversos factores
(la vecindad geográfica, los estrechos lazos
culturales, los contrastes e interdependencia
económica y las intensas relaciones e
intercambios) hacen inevitable la generación
de flujos migratorios entre ambos países.
Este desplazamiento es esencialmente
un fenómeno laboral impulsado por la
interacción de factores que operan en
ambos lados de la frontera, donde los
factores asociados con la demanda de
trabajadores mexicanos en Estados Unidos
son tan importantes como los de la oferta.
En este marco, el funcionamiento de redes
contribuye a mantener y perpetuar
las corrientes migratorias, reduciendo
propiciar que los migrantes respondan
con cierta rapidez a informaciones y
oportunidades que se originan en países
vecinos o distantes, conformando mercados
laborales
de facto
que trascienden las
fronteras nacionales.
A su vez, en los países en proceso de
desarrollo se registra, como consecuencia
de la inercia demográfica, un considerable
crecimiento de la población en edad de
trabajar. Este hecho tiende a ampliar la
brecha entre la oferta y la demanda laboral,
acentuando los desequilibrios en los mercados
laborales e intensificando las presiones
migratorias. El alivio de dichas presiones
dependerá críticamente de una profunda
transformación de las condiciones
estructurales en las que funciona el mercado
de trabajo y, en consecuencia, de la reducción
tanto de las disparidades económicas, como
de los diferenciales salariales entre los países de
origen y destino.
El contexto emergente citado plantea
desafíos de gran trascendencia a medida
que las economías refuerzan su integración
e interdependencia. Como señala Douglas
Massey, conforme dos economías se vuelven
más integradas e interdependientes, el
volumen de la migración entre ellas tiende
a crecer. Esta generalización se apoya en tres
líneas de razonamiento: 1) cuando las
economías están cada vez más integradas,
los ciclos de expansión y contracción
muestran una tendencia a correlacionarse
entre sí; 2) los vínculos y lazos de
interdependencia entre los países y regiones
receptores y emisores implican el desarrollo
de un sólido sistema de transporte y de
comunicación, lo que reduce los costos del
desplazamiento e incrementa el beneficio
neto de la migración; y 3) la creciente
integración suele estar acompañada de
mecanismos diversos de reclutamiento activo
de trabajadores y el desarrollo de redes
sociales y familiares que unen las zonas de
origen con las de destino.
E
OMI