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municipios de baja y muy baja marginación
tienden a registrar un grado alto de desarrollo
humano y viceversa) y confirman, desde
diferentes perspectivas, la existencia de
mundos marcadamente diferentes en
México.
La evidencia disponible revela que más
de cuatro de cada cinco municipios de alta o
muy alta intensidad migratoria registran un
IDH
que los coloca en el estrato alto o medio-
alto de desarrollo humano, en contraste con
poco más de dos de cada tres municipios de
baja o muy baja intensidad migratoria que se
ubican en esas mismas categorías. El índice
de marginación apunta en la misma dirección:
seis de cada diez municipios que integran
las categorías de alta y muy alta intensidad
migratoria son simultáneamente de muy
baja, baja o media marginación, mientras
que cuatro de cada diez municipios de baja
o muy baja intensidad migratoria se
encuentran en la misma situación.
Esta relación sugiere la necesidad de
profundizar en el papel que desempeña la
migración en el proceso de desarrollo de las
zonas de origen de la migración. Diversos
analistas están de acuerdo en sostener que
no hay un mecanismo automático por medio
del cual la migración y la inyección de
recursos que representan las remesas
contribuyan a impulsar el desarrollo
de las regiones de origen. ¿En qué medida
y de qué manera la migración y las remesas
pueden cumplir más adecuadamente con
esta función?
Las remesas depositadas en los bancos
del país de origen pueden ser una importante
fuente de capital para los empresarios locales
y un medio para fomentar el desarrollo de
las zonas de origen de la migración. Pero
más allá de la importancia cuantitativa de los
recursos provenientes del exterior, el impacto
de las remesas debe valorarse según sus usos
en diversos contextos, pues de ellos pueden
depender sus efectos multiplicadores sobre
las economías y sus consecuencias sobre la
misma dinámica migratoria.
Algunos estudios recientes que analizan
la experiencia mexicana en los ámbitos rural
y urbano han mostrado que los recursos de
los migrantes con frecuencia proporcionan
el capital semilla para impulsar una amplia
variedad de actividades productivas. Así, por
ejemplo, un estudio reciente sostiene que el
impacto global de las remesas en la
formación de microempresas establecidas
en el medio urbano de México es bastante
significativa: casi 20 por ciento del capital
invertido en éstas está asociado al
desplazamiento migratorio internacional,
en tanto que en los diez estados de mayor
intensidad migratoria hacia Estados Unidos
su monto asciende a 30 por ciento.
Tomando en cuenta la evidencia y los
argumentos anteriores, conviene preguntarse
si los municipios de mayor intensidad
migratoria y de recepción de remesas
contrastan favorable o desfavorablemente
con la dinámica de desarrollo social
observada en los municipios que registran
escasa actividad migratoria hacia Estados
Unidos.
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La evidencia disponible indica que
más de tres de cada cuatro municipios de
alta o muy alta intensidad migratoria
registraron durante la década indicada un
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Para medir los avances logrados por los municipios del país en esta
materia, decidimos, en primer término, normalizar el índice de
marginación, de modo que sus valores fluctuaran de uno (carencias
insatisfechas que afectan a toda la población) a cero (carencias
satisfechas para toda la población). Una vez obtenido el valor del
índice municipal, estimamos tanto la distancia que todavía
tendrían que recorrer las distintas unidades político-administrativas
en cada año censal para abatir las carencias de su población, como
el porcentaje que representa el logro de la última década (1990-
2000) respecto a las insuficiencias en el desarrollo social registradas
al inicio de ese periodo. De esta manera, es posible determinar si
los municipios de alta o muy alta intensidad migratoria han
procedido más lenta o más rápidamente en la tarea de impulsar el
desarrollo social que el resto de los municipios del país.
OMI