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Perfil sociodemográfico
l perfil sociodemográfico de los
migrantes mexicanos con educación
superior muestra características que lo distin-
guen claramente de sus homólogos procedentes
de otras regiones y de la población nativa
estadounidense: rasgos que condicionan su
inserción en la sociedad receptora y su grado de
competitividad laboral, y que indudablemente
gravitaran sobre las circunstancias de su incorpo-
ración en el mercado de trabajo calificado.
Con una edad promedio de 39 años, los
profesionales mexicanos en Estados Unidos son,
en términos relativos, más jóvenes que los
centroamericanos (42 años), los asiáticos (43
años), los sudamericanos y caribeños (44 años),
y los europeos y canadienses (47 años). Casi 68
por ciento de estos mexicanos está unido o
casado y, como la generalidad de la migración
mexicana, conforman hogares de mayor tamaño.
La distribución por sexo de la población
calificada mexicana residente en Estados Unidos
revela un componente femenino mayor que en
la generalidad (47%), característica que se
repite sólo entre los migrantes procedentes de
Centroamérica (véase cuadro 2). En el resto de
las poblaciones consideradas, la presencia
femenina en la población calificada en
relativamente menor que en la totalidad, lo que
se asocia, en principio, a una más significativa
participación de las mujeres en su dinámica
migratoria general.
A diferencia de lo que sucede con otros
grupos de inmigrantes calificados, cuya
distribución territorial es más dispersa, los
mexicanos con educación universitaria se
concentran preferentemente en los estados de
California y Texas (59%): destinos históricos de
la migración mexicana.
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Destaca, por otra parte,
que el porcentaje de mexicanos que no hablan
el idioma inglés (26%) es significativamente
mayor que en el resto de la inmigración
calificada, característica que se extiende
también a los centroamericanos (19%) y al resto
de latinoamericanos y caribeños (13%) (véase
cuadro 2).
Asimismo, los datos sobre el periodo de
ingreso revelan que entre los profesionales
mexicanos es relativamente menor la población
con estancias prolongadas en Estados Unidos
–sólo 49 por ciento arribó antes de 1990– en
cambio, con excepción de los asiáticos, en el
resto de la inmigración calificada predomina la
población que acumula por lo menos quince
años de residencia en el vecino país: 55 por
ciento de sudamericanos y caribeños, y 65 por
ciento, respectivamente, entre centroamericanos
y europeos y canadiense (véase cuadro 2). Los
arreglos temporales de la migración calificada
mexicana se encuentran asociados a la vecindad
geográfica entre los países; no obstante,
diversos estudios confirman que la migración
mexicana está configurando un patrón
migratorio más permanente, contexto que
permite prever que la proporción de inmigrantes
antiguos entre la población calificada tenderá a
aumentar.
Otra diferencia relevante entre los
mexicanos y el resto de la población calificada
radica en la incidencia de personas con
postgrados. Entre la población mexicana con
educación superior, las poco menos de 79 mil
personas con maestrías o doctorados representan
apenas 18 por ciento, el porcentaje más bajo
entre todas las poblaciones consideradas. Este
mismo porcentaje, en el caso de, por ejemplo,
asiáticos y europeos y canadienses, asciende a
37 y 33 por ciento, respectivamente.
Finalmente, es menester subrayar que
alrededor de 255 mil inmigrantes mexicanos
con educación superior en el vecino país no
cuentan con ciudadanía (57%); la proporción de
población en esta misma condición entre los
centroamericanos, asiáticos, europeos y
canadienses, y sudamericanos y caribeños, es
sustancialmente menor: 45, 43, 41 y 40 por
ciento respectivamente (véase cuadro 2).
La ausencia de ciudadanía que predomina
entre los mexicanos es particularmente grave,
toda vez que el
status
migratorio configura la
base de la desigualdad de oportunidades
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La distribución geográfica del resto de los inmigrantes mexicanos es
muy similar, lo que confirma la importancia del capital social o
relacional en la dinámica migratoria. Es evidente que las redes so-
ciales (información, recomendaciones, organización, asistencia
material) influyen en el patrón de inserción laboral y, por ende, de
distribución territorial.
OMI