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Además del cambio que representa
la creciente diversificación del origen
regional de los emigrantes, conviene
señalar que también persiste un patrón
de continuidad expresando mediante el
grado relativamente generalizado que ha
alcanzado este fenómeno en los estados
con tradición migratoria. Sobresale el hecho
de que más de uno de cada dos o incluso
dos de cada tres municipios de
Aguascalientes (73%), Durango (59%),
Guanajuato (59%), Jalisco (65%), Michoacán
(63%) y Zacatecas (72%) registran, en
relación con este fenómeno, una intensidad
alta o muy alta.
También conviene hacer notar que el
corredor localizado al sur de la corona de
ciudades de la Zona Metropolitana del Valle
de México, conformado por los municipios del
sur del estado de México y Morelos, el norte
de Guerrero, el sureste de Puebla y la zona
de la Mixteca (Oaxaca, Guerrero y Puebla),
presentan una intensidad migratoria tan alta
como la que se observa en el corazón de la
región tradicional. Asimismo, dos regiones del
sur merecen especial atención: el centro
de Oaxaca, que empieza a mostrar una cada
vez mayor propensión migratoria, y el centro
y sur de Veracruz, que se están transformando
en zonas de expulsión hacia Estados Unidos.
Las remesas que envían
los migrantes
mérica Latina recibe anualmente
alrededor de 20 mil millones de
dólares de sus migrantes en el
extranjero. De este cuantioso flujo de
recursos, casi dos terceras partes se concentran
en tan sólo cinco países: México, República
Dominicana, Brasil, El Salvador y Ecuador.
Algunas previsiones estiman que Latinoamérica
recibirá en los próximos diez años alrededor
de 300 mil millones de dólares en remesas, de
los cuales cerca de 80 por ciento podrían
concentrarse en México, Centroamérica
y el Caribe.
De acuerdo con la información del
Banco Mundial, México ocupó en 1999 la
primera posición en el continente Americano
y el cuarto lugar a nivel mundial (después de
India, Grecia e Israel) entre las naciones con
mayores transferencias netas
de remesas familiares.
Las estadísticas del Banco de México
revelan que las remesas lograron aumentar
de 1 680 millones de dólares en 1989 a
6 280 millones en 2000 (véase gráfica 2). En
ese último año, los envíos de dinero de los
migrantes en Estados Unidos a sus familiares
en nuestro país significaron en promedio
un ingreso de poco más de 17 millones de
dólares por día y representaron poco menos
de 1.5 por ciento del
PIB
. En contraste, en El
Salvador, las transferencias de ingreso
ascienden a cerca de 13 por ciento.
México recibió remesas familiares
por un monto acumulado de 45 mil millones
de dólares durante el periodo 1990-2000.
Esta cifra equivale a poco menos de 166 mil
millones de pesos constantes de 1994. Como
resultado de esta evolución, las remesas por
persona se incrementaron de 23.6 a 63.1
dólares durante el periodo 1990-2000 y de
116.3 a 187.5 pesos constantes de 1994.
A su vez, las tendencias trimestrales
del envío de remesas muestran que su monto
se incrementó de un promedio trimestral
ligeramente superior a mil millones de
dólares en 1996 a cerca de 1 500 millones
en los últimos tres trimestres de 1998, en
tanto que en 2001 y 2002 los montos
estuvieron por encima de los 2 mil millones
en promedio por trimestre. Un dato relevante
es que, desde 1998, la proporción
representada por las remesas registradas
en el último trimestre de cada año tiende
a superar a la de los tres trimestres previos.
Conviene señalar adicionalmente que
las remesas alcanzaron en 2001 alrededor
de 8 900 millones de dólares y se prevé que
en el año 2002 podrían llegar a los 10 mil
A